01/10/2026
La fe y la conducta
Hechos 24.14-16
En el pasaje de hoy, Pablo estaba defendiendo su caso ante Félix, el gobernador romano. Basó su defensa en el hecho de haber vivido con integridad, moldeado por su confianza en Dios y su convicción en la resurrección de Cristo. Por eso podía decir: “Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hch 24.16). Así, mostró que su conciencia no lo condenaba, sino que lo respaldaba.
Lo que distinguía a Pablo era su atención tanto a sus creencias como a su comportamiento. Entendía que nuestras acciones fluyen de lo que somos por dentro. El Señor Jesucristo enseñó lo mismo cuando dijo: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno” (Lc 6.45). Por eso, el cambio de comportamiento por sí solo nunca dura; para producir beneficios permanentes debe estar arraigado en algo más profundo.
A menudo, los cristianos se enfocan en hacer lo correcto sin examinar las convicciones subyacentes. Podemos dar, servir y presentarnos fielmente, pero si nuestras acciones no fluyen de creencias genuinas, podríamos estar actuando por razones equivocadas. Si nos rendimos a Dios y le permitimos que nos transforme de adentro hacia afuera, entonces tanto nuestra conciencia como nuestro testimonio serán fuertes y claros.
Fuente: encontactoglobal.org